Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Este viaje, además del peligro que ofrecía, no debía hacerse sin grandes fatigas. Malos caminos y malos carruajes, en vez de un mar casi siempre sosegado en el mes de julio, y buenos camarotes con todas las comodidades de la vida. Por colmo de inconvenientes, después de haber recorrido cien leguas en tales condiciones, alguna polacra austriaca, algún barco pesquero de la Dalmacia para transportarnos a Trieste. Por todo eso, lord Nelson había, hasta el último instante, desaprobado esta forma de viajar; como buen marino, Nelson encontraba más cómodo doblar el extremo de Calabria y entrar en el Adriático a bordo del Alexandre. Respecto a mí, confieso que prefería el viaje por tierra, por molesto que fuese. En cuanto a sir Guillermo, estaba tan enfermo, que creía no llegar vivo a Ancona, pero su fidelidad a la Reina lo obligaba a seguirla, aun con riesgo de su vida.
Empleamos veintiséis horas en el trayecto de Liorna a Florencia, a causa de las marchas y contramarchas que los franceses nos obligaban a hacer. En Castel-San-Giovanni volcó nuestro carruaje. Sir Guillermo sufrió una ligera contusión en la rodilla, y yo la luxación de un hombro. Un médico rural me hizo la primera cura, que me produjo horribles dolores. Un carretero reparó los desperfectos del vehículo; pero la rueda volvió a romperse en Arezzo.