Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Ese vino estaba reservado, decía el visitante, para una ocasión extraordinaria, y esa ocasión se presentaba aquel día más oportuna que nunca. El buen hombre, que por espacio de cincuenta años había sido tan avaro de su vino, me suplicaba que interpusiera mis buenos oficios cerca de lord Nelson para que este se dignase aceptar cincuenta botellas de aquel vino que tendría el honor, al mezclarse con su sangre generosa, de hacer palpitar el corazón del héroe.
Estando en esto, entró Nelson, y, puesto al corriente del objeto de la visita del viejecito, quiso al principio rehusar; pero, vista la insistencia del obsequiante, acabó por aceptar seis botellas, a condición de que el donador comiese en su compañía el día siguiente.
La cosa fue convenida así, pero el convidado de Nelson envió doce botellas en vez de las seis convenidas, lo cual dio lugar para que Nelson manifestase que serían apuradas desde luego seis botellas, y que las seis restantes se reservarían para beberlas después de cada una de las victorias que alcanzase en lo futuro, las cuales era de esperar que llegarían muy fácilmente a sumar la media docena.