Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Y en efecto, a su vuelta de Copenhague, en una gran comida dada por él, se descorchó una de las seis botellas, y el anfitrión brindó por aquel de quien procedían; pero, ¡ay!, en Trafalgar, aunque la victoria fue completa, las cinco últimas botellas quedaron intactas: el vencedor había caído en medio de su triunfo.
El otro recuerdo que conservo de mi paso por Hamburgo, es la visita que recibimos de Dumouriez.
Nelson nos presentó a sir Guillermo y a mí al ilustre vencedor de Valmy y de Jemmapes, el cual salvó, con toda seguridad, a Francia de una invasión, y más adelante, en circunstancias que son notorias, se pasó a los austriacos con el joven duque de Orleáns, que debía contraer matrimonio con una de las jóvenes Princesas que yo había conocido recientemente en Viena.
Tenía viva curiosidad de conocer de cerca a una celebridad de quien tantas veces había oído hablar.
Dumouriez era en aquella época un hombre de sesenta y seis a sesenta y ocho años, de estatura regular, ágil y nervioso, y que parecía tener cincuenta o cincuenta y cinco años. Su fisonomía, su mirada brillante, y la tez de su rostro denunciaba al soldado que ha recorrido muchos y diferentes climas. En su frente se dibujaba la cicatriz de un sablazo. Había sido ministro de la Guerra bajo el reinado de Luis XVI, y en el período de su ministerio Francia había declarado la guerra a Austria.