Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Nelson vino a juntarse conmigo al poco rato, y de rodillas me juró que jamás lady Nelson serÃa para él otra cosa que una hermana. Vio que esta promesa no bastaba a tranquilizarme, y entonces —¡Dios nos perdone a los dos!— me juró no volver a verla más, o verla solamente en mi presencia.
El dÃa siguiente era un domingo; el alcalde de Londres querÃa dar una fiesta a Nelson, pero tuvo que diferirla para el lunes, pues la solemnidad del domingo inglés no permitÃa entregarse a ninguna ocupación mundana.
El lunes Nelson se dirigió a la City; pero en Ludgate-Hill el pueblo desenganchó los caballos y tiró del coche a lo largo de Guilde-Hall, lanzando frenéticos hurras; al pasar frente a Cheapside, fue saludado por las aclamaciones de las mujeres que se apiñaban en las ventanas y agitaban sus pañuelos.
Después de los brindis de rúbrica, Nelson fue invitado a recibir la espada que le habÃa sido otorgada. Avanzó bajo un arco de triunfo levantado para recibirle. Allà le esperaba el tesorero de la City que le dirigió un discurso al que Nelson respondió: