Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Dije a aquella mujer que la retribución que recibiría sería proporcionada a su silencio y a su fidelidad, e interinamente le dejé cinco guineas, en pago del primer mes de lactancia.

Al otro día Nelson llegó repentinamente; había pedido y obtenido un permiso de tres días.

No hubo manera de hacerle almorzar, por más que estaba en ayunas: tanta prisa tenía por ver a la niña. Pretextó una visita benéfica, diciendo que tenía necesidad de mi presencia. Salimos, y en coche nos encaminamos a la calle Little-Tichfield.

Grande fue mi dicha viendo la alegría de aquel hombre que era mi vida. Reía, lloraba, cogía con su único brazo a la criatura; la hizo saltar, bailar, quiso hacerla reír; la llamaba única hija suya, y dio orden a la nodriza de llevársela el día siguiente al hotel de sir Guillermo, explicándole lo que tenía que decir.

Al siguiente día la nodriza vino al hotel con la niña. La primera persona que vio fue a sir Guillermo, quien la detuvo y le preguntó quién era. La nodriza respondió que se llamaba Thomson y que tenía un hermano que servía en el buque de Nelson, quien había accedido a ser padrino de la niña que llevaba en brazos y que le traía para que conociese a su ahijada.


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