Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El mismo día escribí a Nelson, aconsejándole que no viniese a Londres hasta seis u ocho días después, so pretexto de que no quería que viese a nuestra querida Horacia sin estar yo presente; pero la verdadera causa de mi consejo era que temía no viniese al recibir mi carta y se asustase viendo el extremo grado de debilidad de la niña.
Al día siguiente regresó sir Guillermo. No le causó ninguna sorpresa el verme en cama. Dijéronle que yo había tenido una crisis y expulsado mucha bilis. Lo creyó, y escribió a Nelson: «¡Emma ha estado muy enferma! Ahora se encuentra mejor; pero, no obstante haber expulsado gran cantidad de bilis, creo que aún tiene necesidad de purgarse».
Al cabo de cuatro días, merced a mi admirable constitución, pude dejar el lecho, y al octavo día me sentí bastante fuerte para salir.
Fui a ver a la mujer que cuidaba de Horacia. La criatura estaba un poco más fuerte, pero seguía delgada como antes. Se juzgará de su delgadez por el siguiente detalle: para sacarla del hotel sin que la viesen, la introduje en mi manguito, donde estuvo con toda comodidad.
La nodriza era una mujer de la clase burguesa inferior, llamada señora Thomson; era guapa, fresca, y de excelente salud. Nelson, sin decir a quien se destinaba, la había hecho escoger por su médico.