Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Le acompañé hasta el carruaje; allí me tuvo largo rato en estrecho abrazo. Yo lloraba amargamente, pero hice por sonreír en medio de mis sollozos, deciéndole:
—No entres en acción sin antes haber recibido la visita de la avecilla.
Estas fueron las últimas palabras que le dirigí.
El coche partió al galope; al desaparecer por el recodo del camino, me hizo un signo.
¡No he vuelto a verle!
Al día siguiente llegó a Portsmouth a las seis de la mañana, y el 15 de septiembre se hizo a la mar.
El tiempo era tan malo, que el Victory estuvo dos días a la vista de las costas británicas. Este retardo permitió a Nelson escribirme dos cartas rebosantes de ternura para su hija y para mí; pero a través de cuyas líneas empezaban a vislumbrarse algunos presentimientos.
En fin, con el cambio de viento, pudo salir del canal, y el 20 de septiembre, a las seis de la tarde, se reunió con la flota de Cádiz, compuesta de veintitrés barcos de reserva, al mando del vicealmirante Collingwood. Aquel día era el 46 aniversario de su nacimiento.