Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Buena, excelente Emma! SÃ, tú has leÃdo en mi corazón; sÃ, tú has adivinado mi pensamiento. Si en el mundo no hubiese una Emma, tampoco habrÃa un Nelson… ¡Tú has hecho de mà lo que soy! Hoy mismo iré a Londres.
Y, en efecto, dos horas más tarde salimos para Londres con sus hermanas. Nelson nos dejó en mi casa de la calle de Clerge, y se fue al Almirantazgo. El Victory, llamado por telégrafo, estaba en el Támesis desde aquella misma noche, y al otro dÃa, por la mañana, se hacÃan todos los preparativos de marcha.
Permanecimos aún diez dÃas juntos; pero los últimos cinco, Nelson los pasó casi por entero en el Almirantazgo.
El 11 fuimos a hacer una última visita a nuestro querido Merton.
A pesar de todos mis esfuerzos, apenas me encontraba sola un instante, prorrumpÃa en llanto. Todo el dÃa 12 lo pasamos en Merton, uno junto al otro, y allà dormimos.
Una hora antes de amanecer, Nelson se levantó y fue al cuarto de su hija; inclinado sobre el lecho de la niña, oró en silencio, pero con grande unción y derramando algunas lágrimas.
Nelson era muy devoto.
A las siete de la mañana se despidió de mÃ.