Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Sir Jorge no se había engañado: lord Featherson estaba de regreso en Londres, después de un viaje de cinco o seis meses por el continente.
Sir Jorge había averiguado su dirección: vivía en un magnífico hotel de la calle Brook, al extremo de Grosvenor square.
No habiéndole encontrado en su casa, le dejó recado, y, sin decir de qué se trataba, le había citado a pasar un rato de tertulia en la morada de sir Juan, o, mejor dicho, en la mía.
Sin poder explicarme el motivo, me interesaba por todo lo relacionado con aquel desconocido personaje.
Esperé con impaciencia la hora de la reunión del siguiente día. Puse más cuidado que de ordinario en mi tocado, pues, sin atinar el porqué, me habría desagradado en alto grado no parecer hermosa a sir Harry.
Nuestros invitados llegaron entre las nueve y las diez. Cada vez que se abría la puerta, me daba vuelta con viva prontitud. A las nueve y media el criado anunció a sir Harry Featherson.
Mi intranquilidad no había pasado inadvertida a sir Juan; sus ojos se dirigían hacia la puerta frecuentemente, y cuando anunciaron a sir Harry Featherson, sentí el peso de su mirada, que parecía envolverme de arriba abajo.
Sir Harry entró.
