Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡A casa!
Diez minutos después, el coche se detuvo frente a la puerta de una casa de Haymarket, cuyas ventanas todas estaban cerradas.
Yo tenÃa frÃo pero, al entrar en aquella casa, oyendo cerrarse la puerta detrás de mÃ, lo tuve aún más penetrante.
Me parecÃa que entraba en una tumba.
¡Era una tumba, en efecto, tumba del pudor y de la virtud, de donde no se sale jamás sin conservar vestigios de la muerte moral, mucho más terribles que los de la muerte material!