Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Al contacto del agua, lÃmpida y templada, corrió por todo mi cuerpo una sensación de bienestar; mi pecho se dilató, mi respiración fue más rÃtmica y más fácil.
—¡Ah, señora —le dije—, cuán agradecida le quedo!
—Bien —replicó—; esté usted tranquila; será debidamente cuidada.
Hizo vibrar un timbre, y, en voz baja, pidió un caldo. Luego, muy bajo, dio una orden que no entendÃ.
HabÃa en aquella casa singular mezcla de lujo y de vulgaridad. Una joven, demasiado elegante como sirvienta, no lo bastante para señora, me trajo un excelente caldo en una taza de loza común.
Mis labios la tocaron con repugnancia; en los últimos tiempos habÃa contraÃdo hábitos de lujo, y no sabÃa comer ni beber sino en porcelanas y cristales.
Cuando hube tomado el caldo, la señora Love se situó a la cabecera de la bañera, cogió un peine y arregló mis cabellos con una habilidad propia de un peluquero de oficio.
En esto, entró la camarera y deslizó algunas palabras al oÃdo de la señora Love, que pareció muy satisfecha de lo que le decÃan.