Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Ahora, mi querida hija, conviene que salga usted del baño; una estancia demasiado prolongada en el agua tibia, es perjudicial a la salud y a la belleza. Salga usted de la bañera, y yo misma la enjugaré.
Yo habÃa adquirido la costumbre de servirme de una camarera; asà que, obedecà sin esfuerzo a la señora Love. El aposento, bien cerrado y alfombrado, mantenÃa una temperatura suave y agradable.
La señora Love se acercó a mà con un peinador en la mano; pero, de repente, dirigiéndose a la camarera:
—¡Esto es muy ordinario! ¿Toma usted a esta señorita por una moza de mesón? Llévese usted este harapo, y traiga camisas y un peinador de batista.
La camarera salió; asombrada, miré cómo se alejaba, procurando, como una estatua antigua, velarme con ambas manos. La señora Love se echó a reÃr.
—¡Ah! —dijo—, ¿por ventura sale usted del colegio? En ese caso, debÃa usted haberlo advertido, y me habrÃa calzado los guantes antes de tocarla. Vamos a ver, manténgase usted derecha y levante los brazos, para que la sangre circule.
—Pero, señora…
—¿Siente usted frÃo?
—No.