Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿En mÃ, doctor, se encarna el modelo que usted busca? PermÃtame que le diga que de mi persona no conoce usted sino mi cara, y que puedo estar a cien leguas de la perfección que usted desea.
—Está usted equivocada, señorita —replicó el doctor tranquilamente—; por lo mismo que sé que en usted se reúnen todas las bellezas, es por lo que le propongo una asociación que nos conduzca a la fortuna.
—¡Cómo! ¿Usted lo sabe? —pregunté con creciente admiración—. ¿Y quién se lo ha dicho?…
—Nadie me lo ha dicho, señorita; lo he visto.
—¿Usted ha visto? Pero ¿cómo y cuándo?
—La señora Love, que hace mucho tiempo se dedica a descubrir por cuenta mÃa la belleza perfecta, me mandó un aviso de la llegada de usted a esta casa. He venido; y desde la pieza contigua he podido mirarla por un resquicio, cuando usted ha salido del baño. Ninguna de sus perfecciones ha pasado inadvertida a mi observación. En cuanto a los defectos, los he buscado inútilmente: no he podido reconocer ni uno tan solo.
Lancé un grito de espanto.
—¿Sabe usted que eso que ha hecho es odioso?