Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Señorita —me contestó sin dar señales de inmutarse—, si yo hubiese tenido el honor de conocerla dos horas antes como la conozco ahora, no habrÃa recurrido a semejante sorpresa; pero, desde el momento de encontrarse usted en casa de la señora Love, y sabiendo en que circunstancias la ha recogido en Leicester square, no podÃa yo suponer que iba a encontrar un diamante allà donde solo creÃa tropezar con un tosco guijarro del Rhin.
—¡Oh, doctor, doctor! —exclamé, ocultando la cara entre las manos.
El doctor esperó que las desplegara, y, tomándolas entre las suyas, me habló en los siguientes términos: