Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Mi tÃo! —gritó sir Carlos, dando un paso atrás.
—Ya ve usted, señor —dije a lord Hamilton—, que yo hago cuanto está a mi alcance y que no es culpa mÃa.
—Déjeme usted solo con esta joven, caballero —dijo sir Guillermo a su sobrino.
Sir Carlos saludó respetuosamente, y salió.
Lord Hamilton se acercó a mà y me tendió la mano.
—Estoy contento de usted, señorita —me dijo—, y espero que perseverará en la actitud que ha tomado.
—Perdón, señor —le respond×, pero ya ve usted que no necesito de sus consejos; creo que los de mi conciencia bastarán.
—¡Muy bien! Pero, según he oÃdo, tienen ustedes hijos.
—Ese es asunto aparte, y mi deber de madre me obliga a recomendarlos a usted.
—Conforme decÃa usted, mi sobrino le debe diez mil libras esterlinas.
—Es posible, señor, pero esa es cuestión entre su sobrino y yo.
—Si mi sobrino se aviene a dejarla a usted, triplicaré esta suma.
—No presto con usura ni mi dinero ni mi amor.