Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Pero ¿qué hará usted con doscientas o trescientas libras de renta?
—Procuraré utilizar mis aptitudes.
—¿Dará usted lecciones?
—¿Por qué no?
—¿Qué lecciones?
—De francés e italiano.
—¿Habla usted estos idiomas?
—SÃ.
Sir Guillermo me dirigió la palabra en ambas lenguas; yo contesté con la suficiente corrección para que pudiese quedar satisfecho.
—A juzgar por el piano y el harpa que aquà veo, colijo que también es usted instrumentista.
—En efecto, toco estos dos instrumentos.
—¿SerÃa indiscreción pedirle que se dejase oÃr?
—Tiene usted el derecho de exigir, señor.
—¿Y si en vez de exigir, me limitase a suplicar?
—En tal caso, se servirá usted excusarme si le canto algo en armonÃa con el estado de mi corazón.
—Cante usted lo que guste; sea la canción que fuere, la escucharé con agrado.