Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Medite usted, y dÃgame si es posible que, en la misma ciudad que sucesivamente ha visto en usted a la querida de sir Juan Payne y de sir Harry Featherson, a la asociada de Graham, a la modelo de Rowmney, dÃgame usted si es posible que pueda ser en Londres la esposa de sir Carlos Greenville, sin exponerse a topar a cada paso con un recuerdo de ese pasado, contra el cual nada puede el arrepentimiento, y que no lograrÃa borrar ni el mismo poder de Dios.
Su matrimonio con mi sobrino, en el supuesto de que yo lo autorice y asegure su posición, equivale a su infortunio y al de sus hijos.
Tiene usted veinticinco años —lo sé por usted, que yo solamente le atribuÃa diez y ocho—; tiene usted veinticinco años, mi sobrino, veinticuatro; es, pues, un año más joven que usted, y empieza para él la edad de las pasiones. Por hermosa, por seductora y perfecta que usted sea, ¿acaso no es posible que llegue un dÃa en que la abandone y le exprese su disgusto por el sacrificio que creerá haber hecho en aras de usted?
Soy el primero en reconocer que, si se casan ustedes en las actuales circunstancias, el sacrificio será de parte de usted; asà lo siento y lo declaro; pero, a los ojos del mundo, el sacrificio será para él.
He aquà lo que paso a proponer a usted: en vez de ser mi sobrina, sea usted mi hija.