Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Si un embajador no es un rey, es la representación de la realeza; la más exigente ambición femenina puede contentarse con el tÃtulo de embajadora. Es verdad que, siguiendo a sir Guillermo Hamilton, mi condición serÃa, no de embajadora, sino simplemente de hija adoptiva de un embajador, lo cual era bien distinto, ya que el fastidio, el capricho, la fantasÃa de un viejo, podÃa en cualquier momento, al cansarse de mÃ, dejar caer nuevamente a la hija adoptiva, puesto que nada garantizaba la adopción, al nivel de Emma Lyón y aun de miss Hearte.
No para hija adoptiva, sino para mujer debÃa haberme solicitado sir Guillermo.
A este pensamiento, cruzó por mis ojos una imagen deslumbradora.