Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Respondiome que no era costumbre, pero que seguramente, en mi condición de extranjera, serÃa bien recibida por el signor Veluti (nombre del transformista), máxime si yo le dirigÃa algunos elogios, y que, por lo demás, el signor Veluti era un ferviente devoto de las mujeres bonitas.
El cardenal hizo abrir la puerta de comunicación entre la sala y el teatro; atravesamos el escenario y penetramos en un corredor que conducÃa al camarÃn, de Armida, delante de cuya puerta se agolpaba una multitud de amigos y admiradores.
Pero, a la vista del cardenal, todos se apresuraron a dejarnos franco paso.
Entramos en un aposento cuya elegancia podÃa competir con la del tocador de la más atildada señora del gran mundo.
El Ãdolo estaba delante de su altar, es decir, de su tocador. Recibió al cardenal con la más encantadora sonrisa, y le preguntó cómo se atrevÃa a presentarse ante él sin ofrecerle un ramillete o una caja de bombones.