Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Viéndose así abandonado de quien estaba en el deber de protegerle, Rovaglio, aprovechando la ocasión de ir a dar cuerda a los relojes del Vaticano, procuró encontrar al Padre Santo, a quien contó lo que sucedía, pidiéndole protección directa contra los malhechores que robaban a mano armada.
—Mi querido Rovaglio —le respondió el Papa—, comprendo la crítica situación en que se encuentra usted; pero no puedo hacer nada. Puesto que monseñor Busca no quiere protegerle, no puedo obligarle a hacerlo. Defiéndase usted mismo.
—¿Cómo hacerlo, Santo Padre? —preguntó Ravaglio.
—Ocúltese usted con sus hijos y con sus criados, bien armados, y cuando los ladrones se presenten en su casa, háganles fuego. Les doy por anticipado la absolución más amplia, y maten cuantos puedan.
Rovaglio siguió el consejo del Papa. Tomó el partido de defenderse, y dio muerte a dos bandidos.
El Papa le cumplió la palabra, absolviéndole públicamente de aquellos dos homicidios.