Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Sir Guillermo retiró el dinero necesario para continuar el viaje, y, además, compró a su banquero dos o tres de sus más hermosas sortijas y de sus más hermosos camafeos, todo lo cual me regaló. Testigo de aquellas operaciones de compra venta, conservo de ellas un recuerdo imborrable.
Si era una medalla, Jenkens empezaba por hacer la historia de la reliquia aquella, que acababa vendiendo a buen precio. Cerrado el trato y pagádole el importe convenido, rompÃa en sollozos y suspiros. Un padre a quien arrancasen a su hija de su lado, no manifestarÃa un dolor tan agudo, que llegó al extremo de enternecerme.
—Milord —dijo a sir Guillermo—, si algún dÃa se arrepiente de la compra que acaba de hacer, tráigame estos camafeos, estas sortijas y medallas, y le devolveré Ãntegro el importe que por tales objetos ha satisfecho usted, y con ellos, me devolverá usted calma y consuelo.
Pero, lo raro del caso es que algunas veces, cogiéndole la palabra, le habÃan devuelto los artÃculos comprados, y Jenkens, siempre fiel a su promesa, habÃa restituido Ãntegramente el dinero recibido, dando muestras de la más viva alegrÃa viéndose nuevamente en posesión de las lloradas reliquias.