Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Poco tiempo antes de su último viaje a Londres, habÃa perdido sir Guillermo a dos de sus más asiduos comensales.
El uno murió a la edad de treinta y ocho años; era el ilustre Cayetano Filangieri, a cuya mujer siento haber inferido no pocos agravios.
El otro, anciano de ochenta años, era el famoso abad Galiani, que pasaba por el hombre más espiritual de Nápoles.
A la circunstancia de haber vivido mucho tiempo en Francia, acaso debÃa semejante reputación.
Habiendo muerto esos dos sujetos sin haberlos conocido, no puedo hablar más extensamente de ellos. En el número de nuestros amigos más constantes, se contaban el médico Cotugno y su colega el caballero Gatti, dos personajes de los más singulares en Nápoles.
Además de ser una eminencia médica, el doctor Cotugno era, al decir de sir Guillermo, uno de los hombres más versados en los clásicos griegos latinos e italianos. Nunca he comprendido cómo podÃa dedicarse a las lecturas donde adquirÃa su inmensa erudición, sin dejar de atender a su numerosa clientela, sin abandonar sus servicios en los hospitales. De los que iban a su casa jamás querÃa cobrar nada; pero se hacÃa pagar tres ducados por visita (precio invariable), lo cual le rendÃa tres mil libras esterlinas al año.