Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Debido a ese estímulo desplegaba singulares disposiciones para introducirse en las casas y conseguir que le invitasen a todas las fiestas. Se sabía muy bien a lo que iba; pero, como se presentaba a nombre del emperador y hasta, según voces, en el de la reina Carolina, que confiaba su espionaje privado al espía público de su hermano, nadie se atrevía a cerrarle la puerta ni a recibirle de mala manera. Luego, ya en su casa, recopilaba todo lo que había oído, sacaba consecuencias, establecía resultados, añadía, reducía, alteraba, y enviaba semanalmente a su soberano una crónica nutrida a expensas de los más conspicuos personajes.
Pasemos a los médicos, a los sabios y a los literatos que formaban la sociedad particular de sir Guillermo, y habremos terminado con la camarilla que va a seguirme en la nueva vida a que me arrastraron los sucesos que acabo de narrar, y los aún más estupendos y sobre todo más dramáticos que me quedan por contar a los lectores.