Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Pero, en aquel momento, con voz vibrante, y como sorprendida por mi presencia, la reina exclamó dos veces: ¡Amelia! ¡Amelia! La niña, reconociendo en la voz de su madre ese acento imperativo que tan bien sabÃa imprimirle, se volvió temblando, corrió hacia la reina con su ramillete intacto, y, antes que yo volviese de mi sorpresa, MarÃa Carolina cogió de la mano a su hija, la empujó con dirección a una avenida transversal, y tomó por ella con sus otras dos hijas, demostrando asà querer dejarme el camino libre.
Recibà el golpe en pleno corazón.
Saltáronseme las lágrimas, y, con acelerado paso emprendà la dirección de mi departamento; di orden de enganchar, y regresé a Nápoles, dejando escrito a sir Guillermo, lo que sigue:
No te preocupes por mi salud, que nada tiene que ver con mi partida. He creÃdo deber mÃo salir de Caserta. Cuando te cuente lo que ha sucedido, espero que aprobarás mi decisión.
EMMA.
Dos horas más tarde me encontraba de regreso en la embajada, y después de haber hecho cambiar los caballos, envié el coche a sir Guillermo.