Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Al ruido de la puerta, no hizo ningún movimiento para volverse a mirar quién entraba. Sin duda creyó que era su criado que venÃa a poner en orden alguna cosa.
Le toqué el hombro; se volvió y, reconociéndome, lanzó un grito. En seguida, viendo a mi marido, se levantó, y se inclinó ante mÃ.
—¡Aún más hermosa que antes! —me dijo—; solo viéndolo puedo creerlo.
Y, dirigiéndose a sir Guillermo, añadió:
—Acepte usted, milord, la más cumplida expresión de mi respeto; y sÃrvase decirme si puedo tener la dicha de serle útil en algo.
Después, con su refinada cortesÃa, Rowmney, como si me viese por vez primera, nos hizo los honores de su taller.
Sir Guillermo le manifestó lo que deseaba: un retrato mÃo con el traje que llevaba puesto. Rowmney, lleno de satisfacción, cogió al instante un gran lienzo y trazó un bosquejo.
Se acordó que las sesiones serÃan diarias y Rowmney prometió que a los ocho dÃas el retrato quedarÃa terminado.
Al otro dÃa, sir Guillermo me acompañó de nuevo a Cavendish square; pero, como tenÃa que hacer varias diligencias, me dejó en el taller, y salió, quedando en venir a buscarme al cabo de dos horas.