Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Dos días después, el 30 de abril, recibimos de la embajada de Inglaterra billetes para asistir a la apertura de los Estados generales en Versalles. Nuestra partida había sido señalada para el día siguiente de esta ceremonia, o sea para el 5 de mayo.
Si la apertura se hubiese diferido, habríamos de todos modos continuado nuestro viaje, pues sir Guillermo no estaba dispuesto a prolongar por más tiempo su permanencia en París.
El 3 de mayo nos trasladamos a Versalles. El embajador de Inglaterra había alquilado una casa por un semestre, calculando que allí se manifestaría de un modo especial el espíritu de la nación, y nos cedió dos habitaciones en el primer piso de dicha casa, situada en el trayecto que debía seguir la comitiva.
Primeramente fuimos a oír la misa de Espíritu Santo en una tribuna. No sé si muchos de los concurrentes pensaron en estas palabras de la Escritura: «Vas a crear pueblos, y la faz de la tierra será renovada». Un poco antes de terminar el Veni Creator, nos retiramos para ir a ocupar nuestros sitios donde poder presenciar el paso de la procesión. Las amplias calles de Versalles, ocupadas en toda su extensión por guardias franceses y suizos, y adornadas con tapices de la Corona, no podían contener a la muchedumbre.