Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La orden de Fernando fue ejecutada; durante la hora señalada, el Rey volvió a Nápoles y despachó el asunto del cura, de modo que al llegar este a su curato, confortado con una opípara comida, se encontró con que le había sido concedido lo por él solicitado.
Me he extendido mucho hablando de la caza, lo cual me ha hecho olvidar la pesca. Diré cuatro palabras acerca de esta segunda diversión del Rey.
Decir que Fernando pescaba, sería no decir nada; el verdadero placer del Rey no consistía en pescar, sino en vender personalmente el pescado. Más de diez veces he presenciado este singular espectáculo.
Veamos cómo este se desarrollaba.