Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —A fe mÃa, dice usted verdad —replicó el Rey—, porque he aquà a Júpiter (este era el nombre del perro) que, por fin, se ha apoderado del queso. Prosiga usted en su petición, porque es probable que ahora le dejará tranquilo.
Mientras Júpiter se comÃa el queso, el cura acabó de decir al Rey el objeto de su visita, lo cual Fernando escuchó con la mayor atención.
—Está bien —dijo el Rey cuando el cura hubo terminado—, ya veremos.
Pero, contra los cálculos de Su Majestad, Júpiter, después de haberse comido el queso, parecÃa codicioso del pan.
—Vamos —dijo el Rey—, no haga usted las cosas a medias; vacÃe usted completamente su bolsillo.
—Muy bien, señor; pero ¿y mi comida?
—No se preocupe usted por cosa tan insignificante; Dios proveerá.
El cura dio su pan, y salió.
Mientras Júpiter comÃa el pan, el Rey llamó a un criado, y le dijo:
—Retengan al cura que acaba de salir, y désele abundante comida, procurando que tenga necesidad de permanecer una hora en la mesa.