Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Oh! —dijo— la San Marco y la San Clemente van a morirse de envidia… Se nos habÃa anunciado la venida de una inglesa, y cuando creÃamos ver a una inglesa de las corrientes, he aquà que, por el contrario, nos llega del paÃs de las lánguidas mistress una especie de Cleopatra, de cabellos castaños, ojos de no sé qué color, y cutis… ¿de qué está hecho tu cutis, mi buena amiga?… ¿De armiño o de cisne? A fe mÃa, estoy arrepentida de haber invitado a toda esa gente; habrÃamos estado solas. Tengo ganas de no recibirlos… Pero, no; los recibiré; serás coqueta como una gata, ¿no es verdad? Se dice que eres una actriz maravillosa y un prodigio en la danza.
Me puse colorada.
—Es sir Guillermo el que lo dice… Recitarás versos, cantarás, harás cuanto sepas para enloquecerlos. En todo Nápoles, mañana no se hablará más que de ti, y cuando me hablen de lady Hamilton, diré: «¡SÃ, es mi amiga, mi Emma!». Y los hombres me tendrán envidia, y las mujeres odio… ¡Ah!, ¡yo te comerÃa viva!
Desnudome el hombro y estampó un beso en él.
En aquel momento se abrió la puerta, y dijeron:
—Vuestra Majestad está servida.
—¡Ven! —dijo la Reina.
Y entramos en el comedor.