Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En cuanto al doctor Gatti, creo que ya he hablado de él; era un cortesano que, a favor de su título de médico, entraba por todas partes, no para ejercer de médico, sino para intrigar. La Reina sentía por él escaso afecto, y, sin embargo, le concedía alguna influencia.
El príncipe Pignatelli, que adquirió después una grande celebridad como vicario general del reino, cuando la familia real abandonó a Nápoles y huyó a Sicilia, era entonces un hombre de treinta y dos a treinta y cuatro años, sin ningún rasgo notable, ni en lo físico ni en lo moral; era uno de esos ministros complacientes y sin energía que se someten incondicionalmente a la voluntad de los reyes.
Viendo a la Reina tan radiante de satisfacción, todos los semblantes adquirieron la misma expresión.
La Reina me presentó a los siete u ocho familiares del palacio real que habían acudido a su invitación, y de los cuales he nombrado los principales.
Como todas las alemanas, Carolina era una apasionada de la música. En el salón había una variedad de instrumentos musicales, destacándose en primer término un clavicordio y un arpa. La Reina me preguntó si tocaba alguno de estos instrumentos. Yo tocaba los dos.
Cogí el arpa. Era evidente que iba a hacer mi debut más solemne.