Historia de una cortesana
Historia de una cortesana María Carolina se separó de mí con verdadera desesperación, algunos días después de la muerte de su hermano. Me obligó a jurarle que, en su ausencia, no vería a nadie más que a mi viejo adorador el conde de Bristol, al cual me recomendó encargándole que guardase su tesoro; se llevó consigo mi retrato y me dio el suyo, y, como suprema prueba de confianza y de amistad, me rogó que le guardase su cofrecito.
Durante su estancia en Viena, recibí carta suya semanalmente. Me contaba las fiestas de la coronación, a las que asistió, tanto en Viena como en Pesth, pues, como rey de Hungría, el Emperador debía recibir la corona real en ambas capitales. En cuanto a los asuntos políticos, a las medidas para salvar a María Antonieta o coligar a Europa contra Francia, una sola línea, en postdata, aludía a esos extremos y contenía estas tres palabras solamente: todo va bien.
En efecto, durante ese viaje, Carolina, reunida con su hermano, preparó la fuga a Varennes y se resolvió tener preparado un ejército para sostener al rey y a la reina de Francia en seguida que hubiesen pasado la frontera.
El rey Fernando, a su regreso a Nápoles, pondría a su ejército en disposición de obrar combinado con el austriaco.