Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Las inclinaciones belicosas del Rey se limitaban a una pasión inmoderada por la caza, y si, por casualidad, había alguna vez desviado la dirección de su fusil para dirigirla contra un hombre, procuraba que este fuese algún inofensivo campesino, con quien el Rey se entretenía tomando su sombrero por blanco de su puntería. Pero como quiera que alguna vez ocurrió haber dado en el cráneo del infeliz en lugar de hacerle volar el sombrero, renunció a ese género de diversión, limitándose a disparar contra los gamos y jabalíes.
En cuanto al pueblo napolitano, aparte algunas revueltas, de las cuales la de Masaniello había sido la más seria y durado catorce días, aunque valiente en las luchas individuales, siempre se mostró poco aficionado a los combates colectivos. Los siete millones de hombres que en aquella época lo formaban, no tenían ninguna preparación en el ejercicio de las armas; y después de las batallas de Bitonto y Velletri, en las que los napolitanos no habían tomado parte, puesto que se habían librado entre españoles y austriacos, Nápoles no había oído el estampido del cañón. La última, la de Velletri, había tenido lugar cuarenta y ocho años antes, y su eco había tenido tiempo de extinguirse para la generación actual, que se componía de los nietos de aquellos que la habían presenciado.