Historia de una cortesana
Historia de una cortesana No sin razón sospechaba la Reina que los nuevos principios proclamados en Francia habían repercutido en Nápoles. Todo el mezzo ceto, formado principalmente de abogados, médicos y artistas, estaba imbuido de tales principios. La juventud, sobre todo, que había devorado los libros de Voltaire, de Rousseau, de los filósofos y enciclopedistas, y que veía prohibir severamente y perseguir con saña esos libros, autorizados antes, la juventud se preguntaba con qué derecho, cuando un pueblo vecino caminaba hacia la luz, se le quería mantener en las tinieblas.
Empujado por la Reina, por Acton y sir Guillermo, el rey Fernando hacía los preparativos de guerra, sin abrigar muchas esperanzas en el triunfo de su ejército; pero no podía retroceder. Fernando se había comprometido a tomar parte en la gran contienda que se preparaba, y al propio tiempo tenía formado el firme propósito de no arriesgar su vida.
Entretanto, los días transcurrían, y se aproximaba el 12 de junio, señalado para la fuga del Rey. La Reina me hablaba todos los días de esta tentativa desesperada de su hermana y de su cuñado, y no se le ocultaba que en aquel golpe se jugaban el todo por el todo.
Sin explicar con qué objeto, María Carolina encargó, para el 12 de junio, rogativas en todas las iglesias.