Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Madame de Rochereul, querida de un ayudante de La Fayette, se encontraba al servicio del DelfÃn hasta el 13 por la noche; se teme una delación… Es prudente —murmuró—, pero hubiese sido mejor haberlo pensado antes.
Leyó de nuevo algunas lÃneas.
—La partida se ha diferido para el 18 —dijo—. ¡TodavÃa ocho dÃas de angustia!
Estrujó el papel con la mano, y se lo puso en el pecho.
—¿Quién ha sido el portador de esta carta? —preguntó.
—El que Vuestra Majestad envió, hace tres semanas, a la reina de Francia.
—¿Ferrari? —preguntó.
—SÃ, Ferrari.
—Háganle subir; seguramente tendrá algo que decirme de viva voz.
—Asà debe ser, pues ha encargado que se diga su nombre a Vuestra Majestad.
Momentos después, se presentó Ferrari.
Era un hombre de veintiocho a treinta años, y hacÃa unos diez que estaba sirviendo en el castillo. Excelente jinete, recorrÃa sin descansar distancias de cien y doscientas leguas. MarÃa Carolina lo habÃa recomendado a su hermana como hombre en el que podÃa fiar a ciegas.