Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El nuevo tribunal condenó a muerte a un tal Alejo Lambert, hombre muy popular en Tolón. Para salvarle, se formó una conjuración; y, en efecto, al ser conducido al suplicio, una inmensa oleada popular se abalanzó sobre la fuerza armada que lo escoltaba; el fúnebre cortejo había llegado a la calle de los Caldereros, que se convirtió en teatro de un terrible combate. Uno de los individuos de la escolta, viendo que el pueblo iba a triunfar, descargó a boca de jarro su fusil contra el prisionero, que cayó gravemente herido, pero acaso no mortalmente, aunque el proyectil le había atravesado el cuerpo. De todos modos, al fin y al cabo los asaltantes fueron puestos en fuga. Alejo Lambert, perseguido por el rastro de la sangre, como un gamo herido, volvió a caer en manos de sus enemigos que se disputaron la presa. Los unos querían aplazar la ejecución, los otros que esta se cumpliese en el acto. La mayoría optó por la ejecución inmediata, y, en efecto, el mismo día Alejo Lambert fue ejecutado.