Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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La Convención puso a Tolón fuera de la ley. Pero, a pesar de la revuelta, diose el caso singular de conservar todas las formas republicanas, y la bandera tricolor continuaba flotando en la ciudad. Los realistas creyeron que no habían hecho bastante. Dirigiendo la mirada al mar, vieron el crucero anglo-hispano-napolitano que bloqueaba el puerto; resolvieron entregar la plaza los ingleses y escapar por esta traición al anatema de la Convención nacional.

Se entablaron negociaciones con el almirante Hood, el cual no quería resolver nada sin estar seguro de la cooperación del general conde de Mandés, comandante de la plaza, y del almirante Trogof, que lo era de la escuadra. Estos entraron en la combinación; pero no se hizo comprender tan fácilmente la razón al contralmirante Saint-Julien, que era un jacobino irreductible. No bien se enteró del proyecto, en vez de secundarlo reunió a su tripulación y la arengó con ardor, y obligó a los oficiales y a la marinería a jurar que nunca las flotas enemigas entrarían en el puerto de Tolón. El contralmirante Saint-Julien había aprovechado, para espetar esta republicana alocución el momento en que su superior jerárquico se encontraba en tierra. Viendo la unánime adhesión de las tripulaciones de todos los barcos, tomó el mando de la escuadra y procedió a cerrar por completo el paso de la rada.


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