Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —No; he venido para veros y comunicaros las noticias del dÃa.
—Yo también, a mi vez, voy a daros noticias que seguramente ignoráis. Hemos acordado Acton y yo enviar de refuerzo a la flota anglo-española, dos barcos y tres mil hombres. Irán al mando de los generales de Gambs y Pignatelli. Os dejo el honor de la iniciativa, si queréis tomarla en el Consejo de hoy, con tal de que apresure el envÃo; el capitán Nelson reclama este refuerzo a voz en cuello.
—¿Y reconquistaré vuestro favor, mediante la aceptación y cumplimiento de ese compromiso?
—Nunca lo habéis perdido —dijo la Reina con una sonrisa entre desdeñosa, y burlona.
El Rey se acercó a su mujer, le tomó la mano y se la besó, mientras ella le miraba con una expresión indescriptible.
—Entonces, señora, ¿estáis resuelta a la guerra a todo trance?
—¡Completamente resuelta, señor! tanto más, cuanto que no podemos hacer otra cosa.
—Pues, ¡sea la guerra, señora! Ya veréis cómo, llegado el momento de desenvainar la espada, no lo haré peor que otro.