Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Nelson residió en la embajada durante su permanencia en Nápoles. He dicho que me produjo cierta impresión; más tarde me dijo muchas veces que me habÃa amado desde el primer instante en que me vio. Pero, en este primer viaje, solo me habló con la mirada, y asà y todo, de un modo tan incierto, que partió dejándome en la duda de que fuese amor o simplemente un profundo cariño fraternal.
En cuanto a mÃ, el sentimiento que experimentaba, aunque traspasase los lÃmites de la amistad, se manifestaba por completo en aquel bello adolescente, hijo de mistress Nisbett, que ostentaba, a los trece o catorce años, el uniforme del primer grado de la marina; y cuando yo escuchaba, reclinada en un canapé, con el brazo echado alrededor del cuello de Josué el relato de los viajes, de los peligros y de los combates de su padrastro, sir Guillermo Hamilton, siempre enamorado de la antigüedad, se complacÃa en compararme a la reina de Cartago acariciando a Ascanio mientras escuchaba las pláticas de Eneas.