Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Una humareda negra y espesa empezaba a salir del cráter, elevándose verticalmente como una gigantesca torre. La inmensa columna de humo era a intervalos alumbrada por relámpagos seguidos de detonaciones parecidas a las de baterÃas de cien cañones.
La Reina me cogió la mano y la estrechó; su corazón de bronce empezaba a flaquear.
—Si Vuestra Majestad quiere a todo trance permanecer aquà —dijo Cayetano con voz temblorosa—, le ruego que se apee, porque no respondo de los caballos.
En aquel momento se oyó una detonación espantosa; sentimos una fuerte sacudida y me pareció que todo oscilaba en torno mÃo.
—¡Señora! —grité—, ¡en nombre del Cielo, volvámonos, volvámonos!
Pero no tuvo la Reina necesidad de dar orden de regreso; los caballos emprendieron una carrera vertiginosa por la pendiente del puente en dirección a la Marina.
—¡Señora, señora! —exclamaba el cochero—, no puedo sujetar los caballos.
—Pues, ¡sea lo que Dios quiera! —dijo la Reina.
Una nueva detonación, más formidable que las anteriores, retumbó en la atmósfera; sentà correr por mis venas un calofrÃo, y me desvanecà de terror.