Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Señora —dijo Fernando a la Reina que le miraba con expresión taciturna—, os advierto que la firma real está ahora en manos de lady Hamilton, y que serÃa peligroso dejársela, porque podrÃa con la mayor facilidad vender Malta o Sicilia a Inglaterra, que no desea otra cosa; ¡y eso serÃa un gran perjuicio para nuestra corona!
Y saludándonos a la Reina y a mà con el aire burlón que le era caracterÃstico, salió haciendo un movimiento indicando que se lavaba las manos.
—SÃ, comprendo —dijo la Reina—, te lavas las manos. Pilatos también hizo lo mismo, y sin embargo, no por eso ha dejado de perseguirle la maldición de la historia durante diez y ocho siglos… Dame esa llave, Emma; veremos lo que hay que hacer de ella.
Se la presenté poniéndome de rodillas.
En aquel momento anunciaron que el procurador fiscal Basilio Palmieri solicitaba el honor de ofrecer sus respetos a la Reina.
—¡A las mil maravillas! —dijo la Reina—. Si no hubiese venido, yo le habrÃa mandado buscar… ¿Quieres ver, Emma —continuó, dirigiéndose a m× la fisonomÃa de un vulgar bribonazo?
—Estoy dispuesta a quedarme o a salir, según Vuestra Majestad disponga y me ordene.
—No, eres tú la que debes resolver, y conforme sea el estado de tu ánimo.