Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —El joven Manuel de Deo, señora —respondió el procurador fiscal, no explicándose el objeto de semejante pregunta.
—¿Tiene padre y madre? —preguntó a Reina.
—Padre solamente.
—¿Sabe usted su dirección?
—SÃ, señora.
—Démela.
—José de Deo, calle de Santa BrÃgida, cerca del mercado de granos, a la mitad de la calle.
—Gracias, señor. Anota esta dirección, Emma.
Saqué de mi bolsillo mi librito de memorias, y anoté con diligencia la dirección dada por el procurador fiscal.
—¿En qué prisión están los condenados? —preguntó la Reina.
—En la VicarÃa, señora.
—Aquà tiene usted papel, tintero y pluma; ¡escriba usted, señor! —le dijo la Reina, señalándole una mesa en la que habÃa recado de escribir.
Don Basilio Palmieri, no atreviéndose a sentarse delante de Su Majestad, puso una rodilla en tierra, y, con la pluma en la mano, se dispuso a escribir.
—¿Está usted pronto? —preguntó la Reina.
—SÃ, señora.
La Reina dictó: