Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Yo la seguÃa con la mirada, procurando adivinar su pensamiento.
—Veo con satisfacción, señora —le dije—, que la precaución del Rey, al dejarle la llave del sello real, no habrá sido inútil.
—Nada he resuelto aún; todo dependerá de los propios condenados —respondió la Reina—. En todo caso, te reservo un papel en el desenlace, sea el que fuere; asà que, prepárate a desempeñarlo.
—¿Qué preparativos me son necesarios?
—Estar aquà a las ocho de la noche, vestida de negro.
—¡Oh, señora! el negro es mal presagio.
—TranquilÃzate, es solamente para que no nos vean.
—¿Saldremos, pues, esta noche, señora?
—Quizás salgamos juntas, acaso saldrás tú sola.
—¿Qué quiere hacer Vuestra Majestad de m�
—Lo que Dios hizo sin consultarme: una embajadora.
Quise proseguir el interrogatorio, pero la Reina llevó su mano a mis labios.
—Todo se hará en su tiempo, amiga mÃa, y no tendré misterios para ti. Ten, pues, paciencia y espera la noche.