Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Ciertamente, y creen que las haré ante el patÃbulo. ¡Y han elegido a mi padre para venir a hacerme semejante proposición! ¡Han constituido a mi padre en emisario de oprobio!
Don José cayó de rodillas delante de su hijo, y ocultó la cabeza en su pecho.
—¡Hijo mÃo!, ¡querido hijo mÃo! —exclamó.
Y prorrumpió en sollozos, en medio de los cuales solo se oÃan estas palabras:
—¡Te quiero tanto! ¡Tú no sabes lo que es el amor de padre!
—¡Oh! no, pero lo sé ahora, pues veo que no se ha resistido usted a venir aquà con tal proposición. Sin duda, usted me quiere de un modo terrible, puesto que acepta mi vergüenza, la suya, la de toda la familia, a cambio de mi vida.
—Hijo mÃo —dijo el anciano, abrazándole—, compadécete del estado en que me ves.
—Levántese usted, padre —repuso el joven—, y escuche en pie lo que voy a decirle.
El viejo obedeció, porque él era el que suplicaba y su hijo el que mandaba.