Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —En verdad —me dijo—: eres la más irresistible hechicera que jamás haya existido; tú dominas en los corazones y en las pasiones; he dormido siete horas con sueño infantil… Tú no me abandonarás nunca, ¿no es verdad? Tú eres mi ángel tutelar.
Me alargó los brazos.
Me incliné hacia ella, y la abracé.
—Pregunta si alguien ha venido a pedir audiencia —dijo.
Adiviné su pensamiento; esperaba que, a pesar de todo lo que pudo haberle dicho su hijo, aquel padre desesperado harÃa una nueva tentativa cerca de la Reina.
Fui a las antecámaras y pregunté a las damas y hasta a los ujieres. No habÃa venido nadie.
Volvà al lado de la Reina, y le comuniqué el resultado de mis averiguaciones.
Al oÃrme, frunció el ceño.
—Ellos lo habrán querido —murmuró—, y no tendré nada que echarme en cara.
Volviéndose hacia mÃ, dijo:
—Te dejo libre por todo el dÃa. Tengo que escribir varias cartas, ver a varias personas y dar muchas órdenes para mañana. Ven a las seis; esta noche salimos para Caserta.
—Y… ¿si volviese el padre? —le dije con acento de súplica.