Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El gentío era inmenso, y a duras penas, una hora antes de la ejecución, cuatrocientos soldados de infantería invadieron la plaza y formaron un gran cuadro vacío al pie del patíbulo.
Luego, a una voz de los oficiales, los soldados cargaron sus fusiles.
En el lado opuesto, los artilleros del castillo Nuevo enfilaron los cañones en dirección a la plaza del Castillo, y sus sirvientes se colocaron detrás de las piezas, prontos a disparar contra el público, al primer intento encaminado a libertar a los condenados.
A estas tropas se añadieron las que acompañaban a los reos.
En el momento de entrar estos en el círculo fatal, muralla de hierro que se interponía entre ellos y la vida, empezaron a batir doce tambores, señal de que iba a comenzar el sombrío drama.
Gagliano subió el primero a la plataforma. Ya he dicho que aún no había cumplido diez y nueve años.
Al aparecer aquella juvenil cabeza, un inmenso estremecimiento recorrió de uno a otro extremo, y se oyeron algunas voces que pedían perdón.
—¿Nuestro perdón? —dijo Gagliani levantando la voz—. Nos lo han ofrecido a cambio de nuestro honor, y lo hemos rechazado.