Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Pero, mientras nosotros estábamos ocupados en aquel sitio, los fusileros, que no se habÃan retirado sino para ponerse fuera del alcance de las pistolas, hicieron una descarga cerrada. Algunas balas perdidas mataron a los hombres de las últimas filas. Los que nos encontrábamos en el centro, fuimos respetados. Luego, la compañÃa volvió a retirarse, para cargar de nuevo.
Aprovecho este momento; doy al coronel Beauharnais y al agregado militar Arrighi, encargo de contener a la turba, que estaba animada de diversos sentimientos, y me adelanto con el general Duphot y el ayudante Scherlack para resolver a sus jefes a cesar en el fuego; los intimó a retirarse de la jurisdicción de Francia, diciendo que el embajador se encargarÃa de hacer castigar a los amotinados, y que, si me obedecÃan, todo se arreglarÃa bien y sin efusión de sangre. El temerario Duphot se coloca, de un salto, entre las bayonetas de los soldados, a los que se esfuerza por tranquilizar. El general Scherlack y yo le seguimos instintivamente.