Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Arrastrado por la corriente, Duphot avanza hasta una puerta de la ciudad llamada Settimiana; veo un soldado que le dispara en pleno pecho; el herido cae, y vuelve a levantarse apoyándose en la espada. Le llamo, quiere venir a mi lado. Un segundo disparo le derriba; sobre su inanimado cuerpo se hacen más de cincuenta disparos. Scherlack me indica un camino que nos conduce a los jardines del palacio y nos pone a cubierto de los disparos de los asesinos de Duphot y de los de otra compañía que llegaba haciendo fuego del otro lado de la calle. Los dos oficiales, rechazados por esta segunda compañía, vienen a reunirse con nosotros; tenemos que afrontar un nuevo peligro: la nueva compañía podía entrar nuevamente en el palacio, a donde mi mujer y mi hermana, que al otro día debía contraer matrimonio con el bravo Duphot, habían sido transportadas por mis secretarios y dos jóvenes artistas.