Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Llegamos al palacio por el jardín; los patios estaban atestados de los cobardes iniciadores de esta escena horrible. Había allí unos veinte muertos, entre los cuales figuraban algunos ciudadanos pacíficos. Entro en palacio; los escalones están ensangrentados, los moribundos, los heridos lanzan gemidos. Se consigue cerrar las tres puertas de la fachada que mira a la calle. Los lamentos de la prometida de Duphot, de ese joven héroe que a la vanguardia de los ejércitos de los Pirineos y de Italia, había constantemente salido victorioso, asesinado indefenso por cobardes bandidos; la ausencia de su madre y de su hermano, que habían salido de palacio para ver los monumentos de Roma; el tiroteo que continuaba en las calles y contra las puertas del edificio; las principales habitaciones del vasto palacio Corsini que yo habitaba llenas de gentes cuyas intenciones yo ignoraba; estas circunstancias y otras muchas han comunicado a esta escena un carácter de crueldad inconcebible.
Mandé llamar a mis criados; tres se encontraban ausentes; uno estaba herido. Hice colocar las armas que nos habían servido para el viaje, en la parte del palacio ocupada por mí. Un sentimiento de orgullo nacional que no pude dominar inspiró a los jóvenes oficiales el plan de ir a levantar el cadáver de su infortunado general; llevaron a cabo su propósito con ayuda de algunos criados fieles, pasando por un camino extraviado y bajo el fuego de la soldadesca cobarde y desenfrenada.