Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Pero, por desgracia, el primer ministro Gatto es un hombre ignorante y superficial; la mitad de Nápoles cree de él que tiene mucho de francés; y yo opino que la otra mitad se engaña creyéndole napolitano.
La Reina y Acton no pueden sufrirle. No se preocupe usted de él; estando solamente apoyado por el Rey, su poder no puede ser mucho. Pero, asà y todo, un primer ministro siempre representa alguna cosa, lo bastante para jugar una mala partida.
A propósito: sepa usted que los trescientos o cuatrocientos jacobinos que estaban presos, han sido, después de tres a cuatro años de encierro, declarados inocentes. A creer lo que de ellos se dice, la mitad, por lo menos, merecerÃan ser colgados. Garat, con su influencia, y Gatto, con su debilidad, y acaso por simpatÃa, han tenido la desgraciada ocurrencia de devolver al seno de la sociedad a tan poco recomendables sujetos.
En suma, estoy muy asustada, y considero que aquà todo está perdido, o casi perdido. Lo siento por nuestra querida Reina, digna de mejor suerte.
Bien comprenderá usted, querido señor, que todo esto se lo digo confidencialmente y al correr de la pluma.