Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Efectivamente, Nelson había perdido por completo el rastro de Bonaparte y de los trescientos cincuenta buques que este llevaba consigo. Detenido algunos días en el estrecho de Mesina por el siroco, aprovechó un cambio de viento para doblar Reggio y entrar en alta mar.
Convencido al fin de que Bonaparte se dirigía a Egipto, hizo rumbo a Alejandría; pero llegó antes que la escuadra francesa, porque el almirante Brueys, sin duda para despistar a los que pudiesen perseguirle, navegó costeando la isla de Candía.
Recibido con desagrado por el gobernador de Alejandría, que le amenazó con hacer fuego si intentaba forzar el paso, ignorando la ruta de los barcos franceses, suponiendo que se dirigían a Constantinopla, Nelson costeó al azar las costas de la Caramania y de Morea para procurarse noticias, y después de haber recorrido todo el archipiélago, falto de agua y de víveres, se vio en la necesidad de regresar a Sicilia.
Más de una vez me dijo que, desde el 30 de junio, día en que salió del estrecho de Mesina, al 21 de julio, en que arribó al punto de Siracusa, creyó volverse loco.